El viajero y su búsqueda
Notas
Jacques Brosse hace un recorrido por distintos viajeros desde el modelo inicial, el héroe, hasta James Cook, definiendo la mentalidad de los mismos, precisando qué los hacía particulares y señalando principalmente la motivación de los diferentes viajes.
Esencialmente el viaje es una búsqueda, la decisión de emprenderlo surge de la voluntad de romper con el círculo familiar, de desprenderse de un entorno que construye hábitos que detienen e impiden la superación, para iniciar así el camino de la transformación.
Inicialmente el modelo de los viajeros eran los héroes mitológicos, quienes mediante su travesía debían unir lo conocido con lo desconocido, comunicar la esfera de los hombres con el reino de los dioses y el mundo subterráneo de los muertos. Ellos debían recorrer la tierra hasta sus extremos para conquistar su inmortalidad. También los viajes chinos tenían tal objetivo, al igual que algunas divinidades que emprendían viaje mientras los hombres aguardaban su regreso.
Las etapas del viaje corresponden a un proceso iniciático mediante el cual el viajero se dirige hacia el misterio. Las pruebas simbólicas que debe atravesar como futuro iniciado surgen al encontrarse con diversas monstruosidades. Brosse señala que el viajero al volver ya no es el mismo, debido a que -al lograr atravesar dichas etapas- se ha convertido en héroe.
También indica que existe otra clase de viaje, el interior, que puede darse como un soñar despierto (el mismo que realizó Dante al descender a los círculos del infierno). Existe toda una tradición del viaje iniciático, como la leyenda de busca del santo Grial cuyo objetivo fue encontrar la copa perdida con la sangre de redentor, dicho objetivo sólo podía ser cumplido si se alcanzaba una metamorfosis íntima, si tal transformación no se lograba se fracasaba. Como menciona el autor esta es una enseñanza que sirve para todo viaje. A su vez, un viaje sólo puede lograrse si el viajero, que va en busca del Otro, se identifica con él. Esa es una significación que también se encuentra en los relatos chinos y japoneses inspirados en el viaje shamanico. El shaman realiza su ejercicio para interceder entre la comunidad humana y el mundo de los dioses, él es elegido por los dioses por lo tanto es el único que puede llegar hasta su morada. Así, tanto el viaje shamanico, como el descenso de Dante a los círculos del infierno y la partida de Galaad para buscar el santo Grial son llevados a cabo para ofrecer a los demás, en su regreso, lo que ellos vieron y los otros no pueden ver, para revelarles lo desconocido. Como menciona Güichal en Una metáfora viva el viaje es inseparable de su narración, el viajero debe “regresar para contarlo”.
Antiguamente todo viaje se realizaba en dos dimensiones, una vertical (subjetiva) y la otra horizontal, o sea, la que se sitúa en el espacio terrestre (objetiva). Para los contemporáneos esta ambigüedad daba sentido al viaje, mientras que para los modernos se volvió un vicio.
Las razones que inician el viaje de la Europa medieval son religiosas, en ellas el peregrino va en busca del perdón de sus pecados, la certidumbre de la salvación, encontrando al fin del viaje su verdadera patria, la Jerusalén terrestre. También sucedió con los monjes chinos en busca de los textos sagrados, y asimismo con los árabes quienes recorrían oriente. Por un lado, el musulmán emprendía el viaje porque debía realizar la peregrinación a la Meca al menos una vez en su vida, por otro lado como la presencia árabe se encontraba dispersa por gran parte del mundo el creyente acudía a ellos para que les transmitieran la enseñanza oral, y así lograban perfeccionar su conocimiento. De esta clase de viajeros, los más antiguos, provienen todos los otros.
Paulatinamente, los viajes cambiaron de sentido, pues dejaron de poseer una significación sagrada o mística, ahora transcurren en una única dimensión, la horizontal. Ya no se busca entrar en contacto con el Otro Mundo sino con otras sociedades humanas. El Otro se ha convertido en el otro.
En general los viajes del siglo XVI pertenecen al modelo del conquistador, jefes de violentas expediciones armadas que se dedicaban a convertir a los indígenas, usurpar sus territorios persiguiendo fines personales, estos son los creadores de los imperios coloniales, los misioneros y los mercaderes. Sin embargo, el impulso de curiosidad subsistió, el afán del humanista por conocer el universo con su diversidad natural y humana. Las misiones pacificas de los viajeros naturalistas, mantuvieron el objetivo de incrementar los saberes. Brosse sostiene que aquí se halla el contraste de aquella brutalidad.
La corriente a la que corresponde un nuevo tipo de viajero alcanzó su auge en el siglo de la Luces (después de 1750) cuando se iniciaron las grandes expediciones marítimas cuya misión era explorar lo que aun estaba por descubrir con el fin de elaborar una imagen más completa de la tierra. Esto fue lo que realizó el explorador James Cook, él en sus tres viajes se hizo acompañar por un grupo de científicos para realizar un inventario sistemático de la flora y la fauna, no empleó violencia contra los pueblos salvo cuando se vio obligado a hacerlo, se esforzó por comprender sus costumbres y creencias. De este modo el autor afirma que Cook nunca cayó en el exceso contrario que caracterizaba la conducta de los colonialistas.
Varios continuaron su ejemplo, hasta 1843 culminando con ellos una forma de pensar, pero el ansia por los descubrimientos perduraron en los exploradores científicos, el más destacado fue el humanista Alexander Von Humboldt. Sus viajes sirvieron de modelo a los exploradores terrestres, mientras que los viajes de Cook fueron modelo para los navegantes. Los herederos de ambos fueron Darwin, Walter Bates y Alfred Russel Wallace entre otros.
Luego de 1873 la exploración se puso al servicio de los intereses capitalistas, cuyos fines priman actualmente y se ligan al turismo. Brosse se pregunta “qué queda del espíritu que animaba a aquellos viajeros llenos de aventuras en una época como la nuestra en que basta tomarse un avión para creerse héroe, hoy prima el turista”.
Pensando en el ensayo...
Por un lado, lo que encuentro interesante en este texto es la idea de como esa búsqueda del otro fue perdiendo fuerza si bien Brosse se refiere a esto cuando indica lo que sucede en el viaje de iniciación (particularmente en la leyenda de Busca del Santo Grial) vincula la enseñanza que deja con los viajes en general, pienso que actualmente es algo muy difícil de encontrar -tal vez los viajeros de a poco se están esfumando- pareciera que ese otro ya no interesa, o a muchos no les interesa, hallarse, identificarse, encontrarse en él o en definitiva quizás lo primordial ya no es realizar un verdadero viaje. A su vez, me resulta agradable la idea de que básicamente el viaje es una búsqueda, que se inicia para lograr la superación y comenzar un camino de transformación.
Por otra parte, me interesa el hecho de que los viajes hayan cambiado radicalmente su objetivo, su motivación. Que actualmente sólo parezcan encerrar fines capitalistas no es de sorprender, han logrado convertir a “el viaje” en un producto más, de los tantos que existen y se cotizan, pero por su puesto no es promocionado como tal, muchos "viajes" son vendidos como la “aventura” a emprender, como el “descubrimiento” a realizar o como la “hazaña” a lograr. Es una de las razones por las que se ha logrado confundir a los viajeros con los turistas, existen conveniencias para mencionarlos como sinónimos y si el turista se cree viajero el éxito -una vez más- ha sido alcanzado.
Por otro lado, y en relación al texto de Güichal, Brosse señala la diferencia entre los viajes científicos y aquellos que realizaron los conquistadores, sosteniendo que los primeros no implicaron violencia mientras que -como se menciona en Una metáfora viva- si lo hicieron de un modo más sutil y menos visible tal vez, sin embargo presente.
Notas sobre "Una metáfora viva", "Citas sobre el viaje" y "Las figuras del Viajero"
Innumerables imágenes de superficie surgen a partir de una palabra y, como explica Celia Güichal, “algo empieza a moverse, o a querer moverse”. Así, detrás de aquella simple palabra (viaje) resulta hallarse una metáfora viva, y en esa superficie se encuentra uno de los nexos entre el viaje y la escritura, por la paradoja de que la profundidad se esconde en ella, pero existen otras conexiones entre ambas, características especificas de todo viaje que a su vez permiten señalar que la escritura es una forma de viaje. Güichal menciona a distintos autores para respaldar afirmaciones sobre los segmentos que integran el viaje.
Así, indica que el viaje involucra nombrar (ordenar) esto puede implicar una forma de violencia, resultó evidente en el caso de los conquistadores quienes impusieron nombres a sitios que ya los tenían, pero también -como sostiene Mary Louise Pratt - los viajes científicos en el acto de clasificar ejercieron un signo de violencia más sutil y menos visible, con efectos que se mantienen aún hoy.
Encuentra la similitud entre nombrar, clasificar y trazar un mapa (el cual contiene todo viaje). Marca la tensión entre éste y territorio, ya que en un viaje es necesario un mapa que oriente el rumbo a seguir, sin embargo dicho mapa no es el territorio, nunca lo será. En el viaje siempre ocurrirá algo fuera de los planes previstos, algo que en el mapa no se encuentra, algo que sólo se conocerá al adentrarse en ese espacio.
De ahí que viajar sea atravesar el límite para introducirse en lo desconocido. Sabiendo de antemano cual será el plan a seguir, pero también sabiendo que al andar por esa zona todo puede suceder, lo insospechado e impensado. Porque lo que siempre se ha sabido no basta, no conforma y tal inconformismo lleva a ese movimiento, a esa búsqueda de otra cosa.
Viaje y narración son inseparables, como sostienen Caparrós y Monteleone. A su vez el viaje es escrito y leído. La red de transmisión a través de historias se desata por todos lo cabos y a su vez la red de oyentes que luego relatan esas historias. Así mediante la narración se logra conservar transmitiendo.
El viaje se puede tomar como una forma de conocimiento, como el saber indiciario al que se refiere Ginzburg, el cual se guía por indicios, huellas y señales. Viaje y escritura comparten una modalidad de conocimiento, y a su vez se vinculan ya que son dos formas posibles de aprender a ver, proponen una mirada diferente a la del turismo, una verdadera mirada. Güichal sustenta esto citando “El viaje imposible” de Marc Augé.
En el viaje de escritura también se hallan mapas que implican organización y previsión, además del sumergirse -durante su proceso- en lo inesperado, lo indeterminado. Si se reconoce una frontera existe un posible viaje, en la escritura hay distintas formas de frontera y a su vez en la lectura que también se asocia a viaje, en los relatos previos. Al cruzar una frontera siempre está presente el peligro de adentrarse en lo desconocido; el peligro de muerte, porque algo cambia y no hay marcha atrás, resulta imposible volver al estado inicial. La autora ejemplifica esto mencionando lo sucedido a Walsh cuando le dicen: "hay un fusilado que vive" (Livraga), citando un fragmento del prólogo de "Operación Masacre".
En “Citas sobre el viaje” se encuentran desarrollas algunas de las citas del texto de Güichal, todas son clasificadas por la noción que encierran. Así, en el narrar el viaje también se muestra como éste es inseparable de su narración, surgen citas como la de Piglia quien deja en claro que la amplitud de lo que puede ser narrado no es muy extensa “se narra un viaje o se narra un crimen”.
Mencionando a Cristoff, puede parecer que en la escritura hay inmovilidad, gran error o simplemente una paradoja, ya que en el escritor viajero, en su relato se encuentra la experiencia del movimiento, de tal forma entre escritura, movimiento y viaje hay una intima relación.
En cuanto al turismo subrayo, nuevamente, el volver a aprender a viajar como una de las tareas más urgentes, señaladas por Augé, con la finalidad de aprender a ver y a su vez la referencia a esa prioridad que se le da a los no lugares (el no tiempo) que impulsa el turismo e imposibilita la experiencia como puntualiza Tatián.
También la mirada, la identidad expuesto en una cita de Monteleone quien expresa que el relato del viaje ofrece el descubrimiento, tanto de la imagen del Otro como de lo Otro, pero proyectando -el viajero- la imagen de sí mismo y, por otra parte, realzo lo indicado por Pratt acerca de aquel otro descubrimiento, bueno, si se lo puede llamar así.
En el viaje y memoria la cita de Calvino ilustra la amenaza constante de desmemoria mediante el peligro de que Ulises olvide el regreso, el camino que ha de recorrer, que borre su forma de destino.
En la lectura y viaje -por medio de la cita de Ford a la que también alude Güichal- se muestra la necesidad de salirse del texto para ir en búsqueda de la experiencia.
También se halla el tiempo en el viaje, que se transforma en la condena del viajero como señala Caparrós. Y por otro lado el peligro que desaparece para el ser audaz del mito, cuando pasa de lo conocido a lo desconocido. La travesía interior del hombre mitológico y la metamorfosis que no es exclusiva de alguien, pues, es conocida por muchos haciendo referencia así a Cambell.
En “Las figuras del viajero” también se cataloga, pero en este caso a los viajeros, según la motivación de su viaje, algunos de ellos son el viandante, quien marcha a pie por un camino, el vagabundo sin dirección o destino fijo, el peregrino que “anda por tierras extrañas” también el héroe y el aventurero. Todo hace referencia a dicha metáfora viva.
Proyecto narrativo: Algo más allá
Oigo los estallidos y ya no los veo sonreír, ni jugar, no puedo creerlo, ya no los veo. Ellos se quedaron ahí, necesito volver, buscarlos, verlos nuevamente, lo necesito. Están ahí, me esperan, me ven, sonríen y juegan. Están todos y falto yo, siempre falto yo. Se están yendo, se escapan, necesito regresar y traerlos.
Siempre es la guerra, es lo único que existe para él. Hace dos semanas regresé de España, presentí que algo andaba mal, cada vez que llamaba a mi familia y preguntaba por él cambiaban de tema. Pensé que había muerto ahí y no se atrevían a decírmelo. Volver y encontrarlo en esas condiciones, no lo esperaba.
Sus hermanos me los advirtieron, no quiere oír, me lo dijeron insistentemente, sus amigos fallecieron y no puede aceptarlo.
Al escucharlo mencionar una y otra vez lo mismo, que necesitaba ese regreso se me destrozaba lentamente el corazón. Pensé en buscar el modo de ir con él, pero no sabía si sería lo más acertado, quizás no.
Temía no estar haciendo lo correcto, sus hermanos me observaban, no me dirigieron la palabra, para ellos haber ido ahí había sido un gran error, sólo se agravaría su estado. Sabía que me culparían si él no mejoraba.
Pero ellos no comprendían. Me invadió el temor al verlo en ese estado, maldecí a la ironía de la vida que otra vez se hacia presente, porque sólo hallé delirio, una vez más debía decidir y lo reconozco, en ese momento, me disgusté. Sentí miedo de quebrarme, en aquel instante, frente a él.
Recuerdo que al despedirme, antes de mi exilio, me dijo que a mi regreso lo encontraría igual, que no cambiaría, siempre sería el mismo, con más años pero en definitiva siempre el mismo. Aquella última vez que lo vi sonrió. Nunca pude olvidar esa imagen, la de él, feliz. Esperaba encontrarlo así al verlo de nuevo.
Y Ahí estaba, mientras yo me arrimaba ellos le señalaban el lugar. No están ahí, les había dicho. Su hermano menor me echó una mirada de furia.
Le dijeron que sus compañeros estaban enterrados en ese lugar y gritó desesperadamente, como nunca había oído gritar a alguien. Continuaba igual, nos suplicaba que hiciéramos algo.
También traté de hacerlo entrar en razón. Sentí bronca, odiaba aquella guerra, lo que le habían hecho al enviarlo ahí. Antes tenía miles de proyectos e ilusiones que de un momento a otro fueron arruinadas. Ahora vive atormentado, morirá buscando fantasmas.
Sus hermanos quisieron irse, todo resultaba mucho peor de lo que había imaginado. Él no deseaba volver y tampoco quedarse ahí. Lloraba desconsoladamente.
La situación no daba para más, ya no. Había permanecido en silencio durante todos aquellos años y al fin volvía a hablar sólo para decir incoherencias, definitivamente ya no tenía cordura, la locura se había apoderado de él. Debíamos regresar para hacer lo que hasta entonces no quisieron.
Me acerqué lentamente y no sé bien que me llevó a decirle eso, pero en ese momento se lo pregunté, por qué se estaban yendo sus sonrisas, me miró fijamente, observo de reojo a sus hermanos y no respondió. Optaba nuevamente por el silencio. Pero había algo extraño, escondía algo más aquella mirada triste. Por qué, insistí, por qué se estaban yendo. Entonces respondió que se oscurecían, se nublaban. Trató de verlos pero estaban desapareciendo, lentamente, ya no los veía.
Ahí pensé comprender, señaló el lugar y comenzamos a caminar mientras sus hermanos discutían, no deseaban permanecer un instante más ahí, pero nosotros caminamos. No dijimos palabra alguna, él observaba detenidamente todo a su alrededor.
No me había dado cuenta del lugar en el que estábamos, pero él lo reconocía bien. De repente se detuvo e ingresó al pozo. No sabía qué estaba haciendo, me inquieté, cuando estaba por ir a buscarlo oí su grito. Aquí están me decía, están jugando, sonriendo. Quería que me acerque, insistía para que los fuera a ver porque ahí estaban. Realmente me preocupé, qué había hecho, porqué lo había llevado ahí.
El día se había vuelto noche, la más oscura, fría y desolada de todas. Sentía pena por él, sentía lástima de mí mismo al haber creído que sería capaz de devolverle la cordura. Sus hermanos tenían razón, no había sido útil ir a Malvinas, él sólo empeoraba, cada vez más.
Insistió nuevamente para que me arrime, me miró y dijo que estaban todos. Me repetí a mí mismo que nuevamente, por él, debía ser fuerte. Fue entonces que me decidí y me acerqué, el lugar estaba bastante oscuro pero su risa me guiaba. De repente me dí cuenta que esa risa no era sólo suya, y comencé a oírlos, no lo podía creer, efectivamente estaban todos ahí, jugando, sonriendo, nos miraban alegres, también comencé a reír, el único que faltaba era él, el único que hasta entonces no había estado era yo.
Tomó aquellas fotografías, alzó su mano enseñándome algunas, señaló mi cámara fotográfica y me dijo que le sacara una foto, ahí con ellos.
Ahora lo sé, quizás todos tengan razón y él sea un simple loco mientras yo tal vez esté cada día más perdido, pero ambos somos felices, y cuando oigo los estallidos los veo sonreír, jugar, siempre los veo. Ellos se quedaron ahí, de vez en cuando volvemos, los buscamos, los vemos nuevamente. Porque es así, están todos, están ahí, nos esperan, nos ven, sonríen y juegan. Y nosotros no faltamos. Ya no se están yendo, ya no se escapan, siempre los traemos.
Proyecto narrativo: Resumen de mi proceso de escritura
Luego de algunos inconvenientes tecnológicos y de torpezas tras torpezas comencé a recopilar mis ideas, no encontré otra alternativa.
Desde el primer momento me atrajo el territorio de la guerra, sabía que el proyecto debía basarlo en ese contenido, aunque no tenía muy en claro por qué. En cuanto al género estaba completamente “segura” de que no escribiría un texto ficcional, prefería escribir algo real.
La guerra me resultó impactante porque pensaba en las historias de quienes se han visto involucrados en ella.
Al leer el material sobre el territorio asocié los textos de Juan Goytisolo con hechos ocurridos en la última dictadura militar -un intento más de “memoricidio”- los libros incinerados, los exiliados, la censura, el saqueo moral, un contexto histórico y político en el que se aniquilan las ilusiones, los desaparecidos.
El personaje principal de “El sitio de los sitios” era un historiador que prácticamente vivía para realizar sus investigaciones en la biblioteca de Sarajevo. Durante la guerra el edificio fue incendiado destruyéndose así todos sus registros. El historiador perdió todo; años de trabajo, ilusiones y sueños. Más allá de las dificultades y los males que provocaba el conflicto bélico el daño más grande era aquella pérdida. “El objetivo de los sitiadores –barrer la sustancia histórica de esta tierra para montar sobre ella un templo de patrañas, leyendas y mitos- nos hirió en lo más vivo. Nuestro pasado y memoria, mi propia vida de asiduo de los archivos en donde me documentaba y enriquecía las fuentes de mi investigación, fueron reducidos a cenizas”.
Busqué vincular a este territorio con otras cuestiones y es increíble en todo lo que pensé, pero nada tenía sentido, nada me convenció y en definitiva no sabía qué contar.
Conseguí el cuadernillo de Misiones, en principio para leer el texto de Rodolfo Walsh y luego para ver si sería conveniente cambiar de territorio, pero no, regresé al de guerra. Tuve en cuenta la propuesta de partir de algunas consignas del cuadernillo “Viaje y Narración”, sabía que no iba a seguir ninguna al pie de la letra, pero entendí que podían ayudarme o inspirarme. Así, me decidí por otra opción, la guerra de Malvinas, y cambié mi elección de género (tal vez no estaba tan completamente segura) luego de preguntarme por qué me había negado a escribir ficción, si en realidad es un género que me atrae bastante. Además, nadie tendría que molestarse por lo que escribo.
Me interesó tener en cuenta las consignas de subversión duración y tiempo, y pensé en escribir un relato que comenzara con una anticipación. Así, desarrollé una idea que luego de varias idas y vueltas dejé inconclusa.
Investigué sobre esta guerra, busqué libros, además de otros materiales, en los que se contara cómo fue la vivencia de los conscriptos durante el conflicto armado y el después, el retorno a sus hogares.
Uno de los libros que conseguí fue “Los chicos de la guerra” de Daniel Kon, en él se encuentran las entrevistas que realizó el autor, a partir del 23 de junio de 1982, a ex combatientes conscriptos, quienes relataron lo sucedido en Malvinas, la vuelta al continente y el después, el regreso a sus vidas.
Algunos habían cumplido con el servicio militar obligatorio, pero igual recibieron la notificación para presentarse de inmediato en un regimiento.
El servicio militar obligatorio se instituyó en Argentina en el año 1904. Antes de su supresión era de 14 meses de duración y se lo conocía popularmente como "Colimba" (Correr, Limpiar y Barrer). Los varones al cumplir los 18 años, y en algunas épocas los 21, eran sorteados para realizar la conscripción en alguna de las tres fuerzas, sobre todo en el ejército.
En el año 1994, en un cuartel de la provincia de Neuquén, apareció el cadáver del soldado conscripto Omar Carrasco (de 18 años), fue asesinado por otros dos soldados instigados por un oficial. A causa del denominado caso Carrasco tomó estado público el maltrato a soldados. En ese mismo año, por un decreto presidencial, se derogó la ley del servicio militar obligatorio. Recordé haber oído tantos comentarios en esa época, todos disparates como el: “ahí se hacen hombres” y el “algo habrá estado haciendo” (pariente muy cercano del “algo habrán hecho”).
De repente, estos jóvenes, debían marcharse sin saber por cuanto tiempo, sin saber si regresarían. Muchos no pudieron avisarles a sus familias que iban a Malvinas. Recibían informaciones que indicaban cuando debían movilizarse hacia el sur pero oficialmente no les comunicaban hacia donde irían exactamente, o sea, se movilizaban sin saber hacia donde los llevaban.
No eran tratados como personas, eran números que se encontraban obligados a cumplir las órdenes de los "superiores", muchos con la sensación de que se dirigían hacia una aventura, sin ser concientes de que podían perder sus vidas o ver cómo las perdían sus compañeros.
Algo de lo que leí en este libro y pensé incorporar en mi narración fue lo que relató uno de ellos. Él y sus compañeros volvieron al continente en un vuelo de Austral, muy cómodos, pero a la ida, cuando volaban rumbo a Malvinas iban todos apretados, uno de sus compañeros hizo un chiste, les dijo que no se quejaran porque a la vuelta iban a regresar más cómodos, por qué le preguntó uno de ellos, porque vamos ser menos contestó y se hizo un silencio profundo. Quien relató esto luego explicó que fue cierto, regresaron más cómodos.
Los conscriptos aprendieron a convivir, no tenían otra opción, se acostumbraron a vivir como linyeras porque si durante la guerra se dedicaban a pensar sufrían y debían sobrevivir. Cuando comenzaron a faltar los alimentos aprendieron a robarlos ya que las provisiones que enviaban desde el continente no eran distribuidas.
Acerca del conflicto y sus causas:
La guerra de las Malvinas fue un conflicto armado entre Argentina y el Reino Unido que tuvo lugar en las Islas Malvinas -Georgias del Sur y Sándwich del Sur- tres archipiélagos situados en el Océano Atlántico, frente a las costas argentinas.
La misma se desplegó entre el 2 de abril, día de la invasión de las Islas por parte del Ejército argentino, y el 14 de junio de 1982, fecha de su rendición, lo que conllevó la reocupación de los tres archipiélagos por parte de Inglaterra.
Políticamente, en Argentina, la derrota en el conflicto precipitó la caída de la Junta militar que gobernaba el país y el retorno de la democracia en 1983, con el consiguiente juicio a las Juntas Militares por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante su gobierno de facto; en el Reino Unido, la victoria en el enfrentamiento ayudó a que el gobierno conservador de Margaret Thatcher lograra la reelección en las elecciones del año 1983.
Las raíces del conflicto se vinculaban sobre todo con el colapso social, político y económico evidente (aumento de la desocupación, inflación, incremento de la deuda externa, luchas obreras, cierres de fábricas, represión brutal, y más.)
El jefe de la Junta Jorge Rafael Videla fue sustituido por el general Roberto Viola y, luego, éste por el general -embriagado de patriotismo- Leopoldo Fortunato Galtieri. La decisión de intentar recuperar las Malvinas fue tomada tanto por el efecto que podría conseguirse a la hora de desviar la atención social de los inconvenientes como por las posibilidades de recuperar el crédito perdido entre determinados sectores sociales y así lograr perpetuarse en el poder… por los siglos de los siglos. De este modo, el gobierno de Galtieri procuró fortalecer su posición política apelando a la euforia nacionalista que la recuperación de las islas podría desplegar.
Por su parte, el gobierno británico de la primera ministra Margaret “Dama de Hierro” Thatcher se enfrentó a una grave crisis política que provocó la renuncia del Ministro de Asuntos Exteriores además de las dificultades en lo económico (incremento del desempleo, del IVA y recortes sociales por doquier). Fue así que Marge, para mejorar su imagen política y obtener mayor popularidad, decidió dar marcha a la liberación de las islas.
La primera ocupación de las islas fue por parte de los franceses en 1963, los conflictos por su dominación primero se iniciaron entre el Reino Unido Francia y España, luego entre el Reino Unido y la Argentina que ejerció soberanía efectiva en el territorio hasta 1833 cuando fueron ocupadas por Gran Bretaña que años más tarde la declaró colonia. Desde entonces las gestiones diplomáticas en diferentes ámbitos, para lograr la restitución de las mismas, resultaron ineficaces.
El 18 de marzo de 1982 con motivo del desembarco de operarios a cargo del empresario argentino Davinoff -contratados para el montaje de instalaciones en desuso en Puerto Leight- se izó una bandera argentina, esto provocó un “sorpresivo” incidente con el personal británico y una posterior protesta formal de Gran Bretaña que impuso un plazo terminante para su desalojo. Argentina se propuso evitar que los expulsaran y se enviaron distintas embarcaciones a Leight.
Luego se llevó a cabo la Operación Rosario –integrada por las tres Fuerzas Armadas- que dio lugar a la toma del archipiélago de las islas Malvinas y su capital Puerto Argentino (Stanley para los ingleses). Gran Bretaña respondió con el envío de tropas y una dinámica decisión política y militar de recuperar Malvinas.
El apoyo latinoamericano a la Argentina fue casi unánime. El régimen de Pinochet, en Chile, adoptó una posición contraria.
El 2 de mayo, el submarino británico Conqueror torpedeó y hundió al crucero General Belgrano allí murieron 323 de sus tripulantes. Días después, aviones argentinos lanzaron dos Exocet AM-39 (misiles franceses arrojados por aviones Super Etendard) uno de ellos hundió al crucero Sheffield. El ataque dejó un saldo aproximado de 20 muertos y más de 26 heridos.


