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Medios de comunicación, poder y opinión pública


"Conocer el presente, para construir el futuro" expresaba un gran cartel ubicado en la sala parlante de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) el pasado jueves. El tema de la charla-debate se centró en los medios de comunicación y su relación con el poder político.
Faltando pocos minutos para las 21 hs. comenzó a ingresar la gente, se ubicaron en las sillas colocadas prolijamente frente a una mesa cubierta con un paño azul, sobre ella cuatro botellas de agua mineral y cuatro vasos junto a cada una esperaban a los panelistas y al representante de La Vallase (grupo organizador) para dar inicio al cuarto encuentro del ciclo de debate y análisis de la realidad nacional, regional y mundial.
A las 21:14 hs. la mayoría de los asientos fueron ocupados, los panelistas acababan de llegar, conversaban con algunos jóvenes y se saludaban entre ellos. Un chico se preparaba en la entrada para tomar fotografías. En la fila de atrás en la que me ubiqué una joven le preguntaba a otra, sentada a mi izquierda, si deseaba colocarse cerca de ella debido a que una incontrolable gotera empapaba ese pequeño sector de la sala ,es “extraño” que suceda esto en un edificio público. Luego de mirar de reojo las gotas que caían cerca de suyo, y meditar si se reubicaba o no, decidió cambiar de lugar.
Se oían gritos y aplausos provenientes de un aula del segundo piso, donde una asamblea se llevaba a cabo. La sala se había colmado y por momentos la lluvia reavivaba la gotera de la sala ampliando el charco de agua.
Luego de un breve lapso de tiempo se dio inicio al debate. Los panelistas fueron presentados, Silvia Mercado (Periodista, Consultora en Comunicación, docente Universidad Nacional de Lomas de Zamora) Eduardo Nájera (Coordinador General de la FM Bajo Flores) y Claudio Morgado (Diputado Nacional, Vocal de la Comisión Nacional de Comunicación y Cultura).
Silvia Mercado comenzó a hablar, dijo que el Estado debe garantizar un respaldo para que exista justicia distributiva de la pauta publicitaria, ya que dicha garantía se la brinda mayoritariamente a los medios privados y no a los públicos ni a las organizaciones, siendo que son escasos.
Además, expresó que los medios de comunicación se deben a su público. Algo que resulta difícil de aceptar, sobre todo para quienes pertenecen al poder político. Por esta razón es habitual que entre el periodismo y el poder político exista tensión, ya que el periodismo debe ser crítico. Los medios hacen posible el vínculo social en la edad post moderna y ellos están para comunicar. Los medios se manejan en el corto plazo mientras que la política lo hace en el largo plazo, por lo tanto la lógica del periodismo no corresponde con la lógica de la política. Los cambios que se generan en el periodismo deben esperarse en el largo plazo, paulatinamente, ya que si se esperan grandes modificaciones de un día para el otro lo más probable es que no se logre ver ningún resultado positivo.
Luego fue Eduardo Nájera quien tuvo la palabra, sostuvo que el marco concreto de discusión debe centrarse en el poder, y son los grandes grupos económicos los que conforman el verdadero sector del poder. Es necesario ver a que intereses responden los medios grandes y masivos de nuestro país, es la oligarquía la que forma parte de dichos medios.
Asimismo, Nájera dijo no estar de acuerdo con que existen pocos medios de comunicación públicos y consideró que los medios comunitarios públicos son primordiales e imprescindibles para aportar democracia. “En otros países, fueron dichos medios los que frenaron al Estado”.
Luego habló Claudio Morgado, resaltó que la situación de legitimidad que se adquiere desde un medio de comunicación se encuentra enmarcada en una situación sociológica. La idea de que si alguien no está en los medios no existe, parte de la situación social.
Por otro lado sostuvo que lo ideal sería que todos los medios de comunicación tengan una proporción similar, así se tendrían diferentes puntos de vista, y la sociedad podría construir sus opiniones de una forma más crítica; con proporciones equilibradas. Según él, en todas las radios que se sintonizan miran TN (Todo Noticias). Inmediatamente Nájera aclaró que en la radio del Bajo Flores no ven TN, las risas espontáneas fueron inevitables e invadieron la sala.
Mercado agregó que el camino a seguir es el de mayor diversidad, mayor política activa y reiteró que debe ser a largo plazo pero persistente.
También afirmó que Clarín es una empresa excelente, entre otras cosas, siempre tuvieron gran capacidad para adjuntar el sentimiento social de cada época. Mientras Nájera paseaba su vista por toda la sala y Claudio Morgado procuraba disimular sus bostezos Mercado agregó: “El poder político posee una enorme incapacidad de conocer de qué se trata la opinión pública”.
Luego de varias idas y vueltas entre los panelistas, se formularon preguntas, poder, medios de comunicación, Estado, opinión pública, fueron palabras que giraron frecuentemente. Mientras pensaba en lo difícil que resulta comunicar cuando se contraponen diversos intereses, distintos sectores. Muchas veces la democracia no parece ser apreciada y tal vez algunos medios perdieron el verdadero sentido de comunicar: generar opinión pública.



Etnografía: Un viaje en tren ¿Quiénes viajan?



El servicio de trenes del ferrocarril general roca es utilizado a diario por miles de pasajeros, en uno de sus recorridos hacia el conurbano bonaerense se enlazan catorce estaciones (desde Plaza Constitución hasta Glew) la duración aproximada del viaje es de cincuenta minutos.

Sábado 10 de Mayo de 2008,13:30hs. Los vagones se colman de personas, sus edades y características físicas son diversas. Algunos individuos son delgados de cabello castaño y corto, otros son robustos, de estatura media y cabello negro. También se ven personas con el cabello teñido con colores rojizos y vibrantes.
Uno de los individuos que se encuentra sentado cerca de una de las puertas se coloca anteojos y despliega un periódico, viste con zapatillas negras, pantalón y campera de color azul. Su edad ronda los sesenta años. Frente a él, un joven de veinte años, aproximadamente, oye música desde su teléfono celular, mueve una de sus manos marcando compases.
Una pequeña niña se acerca a cada pasajero y les entrega un papel, camina rápidamente desde el inicio al final del vagón, nuevamente se acerca a cada individuo para retirar el papel que les dio, algunos le entregan monedas. Otros niños que la acompañan (todos de seis a nueve años de edad) corretea y se ríen, una mujer se muestra molesta porque recibe un empujón.
Frecuentemente aparecen hombres que alzan la voz aceleradamente, ofrecen alimentos u objetos a los pasajeros, algunos intercambian su dinero por aquello.
El tren se detiene en cada estación, se abren las puestas y descienden e ingresan un gran numero de personas, excepto en Irigoyen y Gerli (segunda y cuarta estación respectivamente) cuyos andenes se encuentran solo con cuatro o cinco personas cada uno.
Una joven se sujeta con una mano a uno de los asientos, tratando de lograr equilibrio para no caerse debido al movimiento brusco del tren; ojea las páginas de un libro. Junto a ella una mujer se sostiene del mismo asiento, su cabello es canoso y ondulado, no focaliza su vista hacia algo en particular, ni se muestra atenta a lo que sucede a su alrededor.
Cuatro adolescentes (tres de sexo femenino) conversan entretenidamente, uno de ellos les enseña las fotos de su teléfono celular al resto quienes hacen comentarios respecto a lo que ven y se ríen. Cerca de ellos una mujer, de setenta años aproximadamente, le indica a otra que deben bajarse en Banfield (octava estación). Las mujeres se ponen de pie y se dirigen a la puerta, dos jóvenes se ubican rápidamente en los asientos que son desocupados.
El tren se detiene, se suman nuevos pasajeros al recorrido, una mujer de estatura media, de cabello rubio y rizado que tomo con cada mano a dos niños (de seis u ocho años) bastante inquietos. También ingresa otra mujer junto a una niña, cargan con dificultad varias cajas de cartón cerradas y atadas entre si. Se ubican en uno de los laterales del vagón y acomodan cuidadosamente esas cajas.
Al llegar a Lomas de Zamora (novena estación) la mayoría de las personas cargan con bolsas de distintos tamaños y colores. Los andenes se encuentran prácticamente repletos. Un hombre se ubica en el centro de uno de los extremos del vagón, enciende un grabador mediano y comienza a sonar la música electrónica. Esos sonidos se suman al murmullo colectivo que se mezclan con el llanto de un bebé y el concierto de melodías provenientes de los distintos teléfonos celulares que llevan consigo los pasajeros.
En Temperley (décima estación) el numero de personas se duplica, luego se reparten en las estaciones siguientes (Adrogué, Burzaco y Longchamps). Sin embargo, continúan permaneciendo sobre el tren un gran número de pasajeros.
Al llegar a Glew (última estación del recorrido) todos descienden.
Aquellos que se ubicaron próximos a las puertas y en los laterales del vehículo se mostraron más atentos al resto, tuvieron una visión panorámica bastante abarcativa, observaron a quienes descendieron e ingresaron durante el trasbordo, mientras que los usuarios que viajaron sentados se mostraron indiferentes. Dirigieron la vista hacia le ventana pero la mayoría durmió o procuró hacerlo.
En general aquellos que se ubicaron en el centro del vagón se mostraron preocupados por sujetar sus pertenencias, y atentos a quienes se ubicaron o pasaron cerca suyo.


Algo sobre Río Arriba



Con la intención de reconstruir la historia de su familia Ulises de la Orden emprende un viaje desde Buenos Aires hacia Iruya, un pueblo ubicado en la provincia de Salta. Allí comienza a recolectar testimonios para lograr su objetivo, así encuentra una realidad desconocida por muchos. Los kollas han sido explotados en los ingenios azucareros que los empleaban, a causa de eso han sufrido el desarraigo cultural. Las terrazas de cultivo que en un comienzo les posibilitaban el auto abastecimiento se han ido deteriorando a causa de la falta de mantenimiento. Si bien a algunos les fue posible dedicarse a la actividad artesanal no todos hicieron lo mismo, y muchos padecen las consecuencias viviendo bajo una extrema pobreza.
El bisabuelo de Ulises había fundado el ingenio San Isidro, el mismo le posibilito el progreso, sin embargo a los Kollas, por ser empleados en las zafras, les causó un gran estancamiento y retroceso.
En esta película se muestra como un pueblo es sometido a la explotación y despojado de su identidad cultural por priorizar fines capitalistas.


O'Connor y su regreso al sur

Amigos, conocidos, risas y encuentros. Así comenzó la noche del sábado . Claudio O'Connor brindó su espectáculo en el A-Cero night pub de Adrogué y si bien los recitales metaleros no son de mis elecciones predilectas esta fue una oportunidad que no pude dejar pasar.
Los relojes indicaron las 22: 30 hs, algunos jóvenes ingresaron al pub muy temprano, debido a que las bandas soporte tocaron a partir de las 19: 00 hs. Desde afuera de A-Cero los temas que cantó Carca sobre el escenario se mezclaron con el bullicio de los que aguardabamos ingresar.
Durante una prolongada espera a la intemperie las charlas se encargaron de distraer al frío, hasta que por fín, y luego de un seguimiento intensivo vía mensajes de texto, llegó aquel buen amigo nuestro (el que cuando no se duerma se retrasa).
Con las entradas en mano nos ubicamos en las filas y avanzamos, rápidamente el lugar se colmó de gente, la mayoría jóvenes de veinte a treinta años de edad, todos esperando oír a Claudio. Se formaron pequeños grupos por todo el sitio; nosotros nos sentamos junto a las mesas del patio. Los temas de conversacion variaron durante toda la espera. Una charla en particular llamó mi atención, el tema apuntó hacia las expectativas del recital. Uno de los jóvenes planteó su disconformidad al respecto de lo que él denominó: "metamorfosis artística de O'Connor”. Dijo haber asistido a la mayoría de sus recitales, desde presentaciones con Hermética y Malón (sus antiguas bandas) hasta las actuales. Entre las diferencias que encontró destacó sus actuaciones exageradas sobre el escenario, algo que según él contradijo lo expresado por O'Connor en sus letras durante más de veinte años. Además lo comparó despectivamente con Ozzy Osbourne e imitó con gestos y ademanes a ambos, lo cual me causó bastante gracia. Mientras continuó con su parodia a mi mente llegó una canción (ayer deseo, hoy realidad) que oí frecuentemente en los años noventa, y me pregunté si O'Connor con su década “tour” muestraba en realidad quien quiso ser; su soñar hecho real, al cual apostó como cantó en ese tema, o si cayó por completo en las redes del mercado; aunque es ingenuo creer que alguien que pertenece a ésta sociedad capitalista logra evadirla, más allá de que alguna vez haya tratado de hacer lo contrario.
Por otro lado, en principio, no me pareció lógico que ese joven continuara asistiendo a recitales de O'Connor si lo desconformaban tanto y no compendía qué lo llevaba a estar ahí.
Más tarde, aproximadamente a las doce de la noche, las luces fueron apagadas y se encendieron las del escenario. Frente al mismo se ubicó la mayoría del público, entonando a coro el nombre del cantante. Entre aplausos y gritos la energía se intensificó, comenzaron a sonar algunos temas, los más aplaudidos fueron los clásicos de Hermética. Delante del escenario no faltó el pogo que logró sacudir a varios mientras que otros observamos la escena adrenalínica desde un sector más alejado y calmo.
Al faltar pocos minutos para la una de la madrugada las luces generales se encendieron nuevamente y Claudio O'Connor (voz) se despidió junto a Alejandro Cota ( guitarra) Hernán García (bajos y coros ) y Pablo Naydón (batería y coros). Uno de nuestros amigos preguntó repetidamente cuanto duró el recital y se mostró asombrado por lo veloz que sintió transcurrir ese tiempo, pero era momento de volver a casa, a las pocas horas y a pesar de ser domingo algunos debían trabajar. Nos dirigimos a la salida, algunos chicos se acercaron tímidamente y nos entregaron panfletos y copias de su demo promocionando a su banda.
Mientras esperamobamos a los que aún no habían salido algunos chicos que pasaron al lado nuestro alabando a O'Connor como a un Dios, aunque a mí me pareció demasiado exagerado, otros acordaron un lugar de encuentro para el próximo recital y los más jóvenes, algo exaltados, salieron cantando _o mejor dicho desentonando_ una canción de Hermética.
Nosotros regresamos como llegamos, entre bromas y risas. Por lo sucedido pienso que probablemente O'Connor y su rock metalero han variado mucho desde fines de los años ochenta hasta la actualidad, su voz ya no tiene los mismos tonos de antes y su imágen, puf, deja mucho que desar -O´Connor ahora se delinea oí por ahí, y... es verdad . Se puede considerar que el cambio de Claudio fue favorable o que tiró por la borda el esfuerzo de tantos años, de cualquier modo tal vez la razón por la que muchos continúan asistiendo a sus recitales sólo se debe a que él y su banda, se conviertieron en el punto de encuentro de gente a la que le agrada el mismo estilo de música, personas que buscan distraerse u olvidarse de una rutina y que se hallan cómodos junto a gente simple. En definitiva el único motivo es divertirse y quizás esto no varía demasiado con respecto a lo que buscan otros jóvenes a los que les agradan otros estilos musicales y que por lo tanto eligen otros ámbitos.

El viaje deseado: Recuerdos

Los años han pasado velozmente, casi sin darnos cuenta. Aún somos muy jóvenes, sin embargo el tiempo continúa transcurriendo y sé que pronto cada uno seguirá su camino, aunque siempre nos mantendremos cerca, sin interesar la distancia. Tal vez esa sea la causa que impulsa el deseo de realizar este viaje, donde podríamos sentir que no es imposible detener el tiempo. Sin que el trajín diario nos imponga los horarios que limiten nuestras charlas, e impida disfrutar el regreso de los mejores momentos que hemos vivido.
Elegiríamos un lugar muy calmo donde lo vería a él, mi hermano, junto a mí. Reviviríamos juntos aquellas imágenes que nuestros mejores recuerdos nos regalan de vez en cuando. Imágenes que volverían incesantemente, como la de aquellos veranos, cuando lo seguía a todas partes, tanto que hasta a veces llegaba a transformarme en una pequeña gran molestia. Sonreiríamos al recordar sus disgustos por no lograr despegarme de su lado.
Quizás, sería el paisaje de algún lugar cercano el que nos invitaría a traer a la memoria esas ocasiones en las que me contagiaba sus sonrisas, y también provocaba algunos de mis llantos. Esas peleas, sin violencia, que se volvían inevitables, como si nos turnáramos para iniciarlas. Aquellos enojos que tuve cuando alguien lo molestaba y viceversa. Aquel año nuevo que recibimos solos, cuando las circunstancias particulares no dejaban otra opción, aunque para nosotros fue algo divertido e inolvidable.
Tal vez, en nuestro viaje necesitaría su ayuda, en ese caso le diría que aún visualizo ese día, en el que al ver los desastres en mi cuaderno de segundo grado, se sentó a mi lado y me enseño a pintar cuidadosamente esos dibujos, prestándole atención a cada detalle. Aprovecharía alguna de sus frecuentes bromas y le recordaría alguna de las tantas veces en las que quiso engañarme, mientras lo miraba fijamente a los ojos y no podía disimular su sonrisa de picardía, descubriéndose detrás de aquel gesto alguna maliciosa intención, de la que seguramente yo sería víctima.
Además, gran parte del tiempo oiríamos aquella vieja música y así le agradecería sus años adolescentes, cuando me obligaba a escuchar, entre tantos otros, a Pink Floyd, Black Sabbath y Joe Satriani. Hasta que no tuvo mejor idea que convertirse en guitarrista, entonces llegó el amplificador, la distorsión y las guitarras eléctricas, incentivando mi desvelo hasta altas horas de la madrugada.
Probablemente así viviríamos nuestro viaje, sintiendo melancolía y añoranza al evocar esos momentos. Con instantes que se sumarían a nuestros inolvidables recuerdos. Así, comprenderíamos qué desdichada hubiese sido nuestra infancia de no haber podido ser hermanos.


Memoria de lector: Aquello que Ana me dejó



Recuerdo, alrededor de los doce años de edad, haber oído nombrar a Ana Frank, una niña que junto a su familia se vio obligada a vivir en clandestinidad para proteger su vida.
En la época en la cual vivió, los nazis persiguieron, entre tantos otros a los judíos. Capturándolos como si fueran presa para llevarlos a distintos campos de concentración y exterminio. Aquello que oí sin demasiados detalles despertó gran interés en mí. Me llevó a averiguar sobre esa joven y así encontrar "El diario de Ana Frank", escrito por ella durante su cautiverio.
Con libro en manos e inmensas ganas y ansiedad me dispuse a leer. Mi habitación me resultó el rincón de la casa más tranquilo y por lo tanta el más apropiado. Allí ubiqué almohadones sobre la cama, cerré la puerta y también la ventana, ya que estaba anocheciendo y comenzaba a sentir la brisa fresca. Al ver, por fin, todo en orden me ubiqué y comencé a leer.
Entre otras cosas, Ana, comentaba como se componía su familia, también describía la relación con cada uno de los integrantes, los conflictos que surgían y los sentimientos que los mismos le generaban. En este sentido no pude evitar sentirme identificada, ya que al igual que ella yo ingresaba en la etapa adolescente, en la cual considero, que la ambivalencia hacia algunos miembros de la familia, a veces, es algo común.
Por otra parte, en su diario mencionaba algunas de las medidas anti judías decretadas por Hitler, todas prohibiciones absurdas, como la de impedirles utilizar el transporté público, limitarles los horarios para salir a la calle y estar en los patios de sus casas. Esto me llevó a pensar en el odio que hubiese acumulado si hubiese padecido los tratos humillantes que soportaron esas personas.
Allí, en mi cuarto, fui descubriendo la visión que tuvo sobre su realidad. Conociendo, en algunas horas, aquellos años de su vida y observando qué distinta era mi realidad, bueno, hasta cierto punto.
Ana, vivió escondida junto a su familia y otras cuatro personas un par de años, invadidos
por el miedo a ser descubiertos y por la incertidumbre al no saber qué podría sucederles.
Finalmente esa posibilidad de ser encontrados se hizo real, al saber esto no pude evitar la tristeza. Fueron detenidos y enviados a distintos campos de concentración, sobrevivió sólo su padre.
De esta manera, leyendo el diario de Ana Frank comprendí lo afortunada que era al disfrutar de mi libertad, y como la intolerancia y la discriminación, pueden causar tantas calamidades.