Notas sobre Piglia: Lo visible y lo oculto del cuento




Ricardo Piglia en “Tesis sobre el cuento” expone dos tesis partiendo de una anécdota registrada por Chejov en sus cuadernos de notas: “Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a su casa, se suicida”. El jugador obtiene una numerosa suma de dinero, sin embargo sucede un hecho imprevisible, cuáles son las causas que conciernen a cada una de las historias, cómo se enlazan.
Piglia analiza como sería relatada esta anécdota (ambas historias) por distintos autores.
Primera tesis: un cuento siempre cuenta dos historias, una visible y otra secreta, esta última es narrada de forma enigmática. A cada una de las historias le corresponde un sistema de causalidad (diferente). Los elementos esenciales de un cuento intervienen en ambas historias y son utilizados de distinta manera en cada una.
La forma clásica del cuento produce el efecto sorpresa cuando se revela el final de la historia secreta. Pienso que este desenlace invita a una nueva lectura, focalizada en la observación de la segunda historia, la que en todo momento estuvo ahí, implícita.
Segunda tesis: la historia secreta es la clave de la forma del cuento y sus variantes.
El autor explica que la versión moderna del cuento abandona el final sorpresivo, relata dos historias como si fueran una y trabaja la tensión en ambas sin resolverlas nunca. En cuanto a esto, considero que las múltiples posibilidades de un final son las encargadas de darle sentido a esta forma narrativa, más allá del desenlace elegido por el escritor (aunque no sea enunciado creo que existe) lo interesante es que el lector debe involucrarse para resolver la historia.
En el cuento de Borges, “La forma de la espada”, el narrador del relato visible oye un testimonio del protagonista de la historia secreta. En el desenlace emerge lo oculto (la historia secreta) de este modo se narra una historia para dar lugar a la otra. A diferencia del cuento de Chejov, “En el mar. Cuento de marineros”, en el que las dos historias parecerían ser una, esa fue mi sensación, la primera brinda indicios del desarrollo de la segunda; al estilo Hemingway: “Siempre hay una red de asociaciones e inferencias, una razón sumergida más allá de los detalles que se revelan o se omiten”. Algo similar sucede en “¿Por qué no bailan?” de Carver, ya que mediante señales se le permite al lector sacar sus propias conjeturas, dejando que imagine las causas que se esconden por ejemplo, cuál es la razón que lleva al dueño de la casa a acomodar los muebles en el patio, exactamente cómo si se encontraran en el interior de su hogar. Es una intención que perdura durante todo el relato, parece algo construido, exclusivamente, para lograr que el lector infiera lo recóndito del cuento y reflexione. Posiblemente aquellas frases que aparentan estar desligadas, las que a simple vista no encajan, en definitiva, son de gran importancia porque se vinculan con lo que se omite; como menciona Piglia en relación con la teoría del iceberg “lo más importante nunca se cuenta”

Notas sobre Campbell



En "El héroe de las mis caras" Joseph Campbell establece una analogía entre el mito y los sueños, asimismo sostiene que la lógica, los héroes y las hazañas del mito, sobreviven en los tiempos modernos.
A través de los sueños, el inconciente envía a la mente mensajes de las fuerzas psicológicas inconvenientes o reprimidas que no se han pensado o atrevido a incorporar a la vida. Dichos mensajes pueden resultar amenazantes para la estructura de seguridad construida, pero a la vez son señales valiosas ya que desde ellas parte el descubrimiento del YO, provocando la destrucción del mundo junto a la vida de quien lo ha construido (hombre y su mundo) para dar lugar a una reconstrucción de ambos. De este modo, al igual que los símbolos de la mitología, los símbolos del sueño son productos espontáneos de la psique, el objetivo al cual apuntan es lograr dicha reconstrucción (resurgir).
La diferencia entre el mito y el sueño consiste en que el primero es el sueño despersonalizado, el segundo es el mito personalizado. Ambos son simbólicos. En el sueño las formas son distorsionadas por las dificultades propias del individuo que sueña, mientras que en el mito se muestran problemas y soluciones directamente válidas para el conjunto de la humanidad.
Algunos sueños reproducen en detalle la fórmula mitológica universal en el camino del héroe "peligros, obstáculos y buena fortuna" que llevan al renacer.
Por otra parte, el autor señala que los ritos de iniciación son ejercicios de separación (cambios de normas con la vida conciente) donde la mente corta en forma radical con las actitudes, ligas y normas de vida del estado que se deja atrás. En relación a esto, cuando un paciente psicoanalizado abandona sus ideas de fijas de la niñez y avanza en el futuro, en sus sueños aparecen imágenes que se corresponden o asocian con las ceremonias rituales.
Tanto la mitología como el rito suplen los símbolos que hacen avanzar el espíritu humano, contrarrestando a aquellas que lo atan al pasado. Cuando a las imágenes iniciadoras no se las suple a través del mito o el ritual (desde afuera) se enuncian mediante el sueño (desde adentro).
Aquél que es capaz de combatir y triunfar sobre sus limitaciones históricas-personales alcanzando las formas humanas generales, válidas y normales se convierte en el hombre de la sumisión (héroe).
El camino común del héroe mitológico consta con una separación, iniciación y retorno (unidad nuclear del monomito). Su aventura siempre sigue este modelo, una separación del mundo, la penetración de alguna fuente de poder y regreso a la vida para vivirla con más sentido.
Por medio de la separación se alcanza la más alta dimensión espiritual, consiste en retirarse del mundo externo al interno (al inconciente infantil). Así, el héroe se retira del mundo del los efectos secundarios a las zonas causales de la psique y aclara las dificultades existentes. De esta manera, el héroe lleva a cabo el denominado proceso de "discriminación". Luego vuelve transfigurado y enseña las lecciones que ha aprendido sobre la renovación de la vida.
Cuando el héroe triunfa el efecto de su aventura es desencadenar y liberar nuevamente el fluir de la vida en el cuerpo del mundo. Físicamente dicha fluencia puede representarse como la circulación de la sustancia alimenticia, dinámicamente como una corriente de energía y espiritualmente como una manifestación de la gracia. Estas variedades se alterna y representan tres grados de concentración de la única fuerza vital que al vincularse se derraman sobre el mundo como un torrente, el mismo surge de la fuente invisible y su punto de entrada es el círculo simbólico del universo, alrededor del cual el mundo gira. Bajo este punto se sitúa el universo mismo, el héroe como encarnación de Dios es el ombligo del mundo, el centro a través del cual las energías de la eternidad irrumpen en el tiempo. Es símbolo de la creación continua, la fuente de toda existencia, produce la plenitud mundial del bien y del mal.
El héroe se aparta del lugar de todos los días y se dirige hacia el umbral de la aventura. Allí una sombra cuida el paso, él puede derrotar o conciliar dicha fuerza para ingresar al reino de la oscuridad o puede ser muerto por el oponente y así descender a la muerte.
Luego, al continuar avanzando, algunas fuerzas extrañas -e íntimas a la vez- lo amenazan mientras otras lo auxilian, al llegar al nadir del periplo mitológico pasa la prueba suprema y recibe su recompensa. El triunfo puede ser representado como la unión sexual del héroe con la diosa madre del mundo, el reconocimiento del padre creador, su divinización o el robo del don que ha ido a ganar.
Al regresar, si las fuerzas lo han bendecido, él se mueve bajo su protección, de lo contrario huye y es perseguido. En el umbral del retorno las fuerzas permanecen atrás, el héroe emerge de la congoja (resurge) y el bien que obtiene renueva el mundo.

Algunas notas sobre... Pavese: Negar



Partió, no se sabe nada de él. Su alejamiento consterna.
Así se conocen las peores sensaciones, las que se mezclan y transforman en angustia.
La incertidumbre agobia, algunos eligen olvidarlo, para no convivir con los interrogantes que no se responden.
Borrarlo, como si nunca hubiera existido, para evadir la desdicha y protegerse del quebranto.
Vaticinar un final o convencerse de una inexistencia quizás suceda por temor a que un mundo se derrumbe, o se rompa en mil pedazos y darse cuenta un día que no son reales los espejitos de colores porque lo real pasa por otro lado. De este modo la sensación de seguridad no es arrebatada, algo similar sucede cuando se cierran los ojos ante lo evidente para poder seguir caminando sobre un mundo bien construido, ya que si se observa la realidad lo más probable es que no resulte simple encontrar las bases sobre las que se reconstruya un nuevo mundo. Tal vez, esto, es un simple y "peligroso" mecanismo de defensa.


Etnografía: Un viaje en tren ¿Quiénes viajan?



El servicio de trenes del ferrocarril general roca es utilizado a diario por miles de pasajeros, en uno de sus recorridos hacia el conurbano bonaerense se enlazan catorce estaciones (desde Plaza Constitución hasta Glew) la duración aproximada del viaje es de cincuenta minutos.

Sábado 10 de Mayo de 2008,13:30hs. Los vagones se colman de personas, sus edades y características físicas son diversas. Algunos individuos son delgados de cabello castaño y corto, otros son robustos, de estatura media y cabello negro. También se ven personas con el cabello teñido con colores rojizos y vibrantes.
Uno de los individuos que se encuentra sentado cerca de una de las puertas se coloca anteojos y despliega un periódico, viste con zapatillas negras, pantalón y campera de color azul. Su edad ronda los sesenta años. Frente a él, un joven de veinte años, aproximadamente, oye música desde su teléfono celular, mueve una de sus manos marcando compases.
Una pequeña niña se acerca a cada pasajero y les entrega un papel, camina rápidamente desde el inicio al final del vagón, nuevamente se acerca a cada individuo para retirar el papel que les dio, algunos le entregan monedas. Otros niños que la acompañan (todos de seis a nueve años de edad) corretea y se ríen, una mujer se muestra molesta porque recibe un empujón.
Frecuentemente aparecen hombres que alzan la voz aceleradamente, ofrecen alimentos u objetos a los pasajeros, algunos intercambian su dinero por aquello.
El tren se detiene en cada estación, se abren las puestas y descienden e ingresan un gran numero de personas, excepto en Irigoyen y Gerli (segunda y cuarta estación respectivamente) cuyos andenes se encuentran solo con cuatro o cinco personas cada uno.
Una joven se sujeta con una mano a uno de los asientos, tratando de lograr equilibrio para no caerse debido al movimiento brusco del tren; ojea las páginas de un libro. Junto a ella una mujer se sostiene del mismo asiento, su cabello es canoso y ondulado, no focaliza su vista hacia algo en particular, ni se muestra atenta a lo que sucede a su alrededor.
Cuatro adolescentes (tres de sexo femenino) conversan entretenidamente, uno de ellos les enseña las fotos de su teléfono celular al resto quienes hacen comentarios respecto a lo que ven y se ríen. Cerca de ellos una mujer, de setenta años aproximadamente, le indica a otra que deben bajarse en Banfield (octava estación). Las mujeres se ponen de pie y se dirigen a la puerta, dos jóvenes se ubican rápidamente en los asientos que son desocupados.
El tren se detiene, se suman nuevos pasajeros al recorrido, una mujer de estatura media, de cabello rubio y rizado que tomo con cada mano a dos niños (de seis u ocho años) bastante inquietos. También ingresa otra mujer junto a una niña, cargan con dificultad varias cajas de cartón cerradas y atadas entre si. Se ubican en uno de los laterales del vagón y acomodan cuidadosamente esas cajas.
Al llegar a Lomas de Zamora (novena estación) la mayoría de las personas cargan con bolsas de distintos tamaños y colores. Los andenes se encuentran prácticamente repletos. Un hombre se ubica en el centro de uno de los extremos del vagón, enciende un grabador mediano y comienza a sonar la música electrónica. Esos sonidos se suman al murmullo colectivo que se mezclan con el llanto de un bebé y el concierto de melodías provenientes de los distintos teléfonos celulares que llevan consigo los pasajeros.
En Temperley (décima estación) el numero de personas se duplica, luego se reparten en las estaciones siguientes (Adrogué, Burzaco y Longchamps). Sin embargo, continúan permaneciendo sobre el tren un gran número de pasajeros.
Al llegar a Glew (última estación del recorrido) todos descienden.
Aquellos que se ubicaron próximos a las puertas y en los laterales del vehículo se mostraron más atentos al resto, tuvieron una visión panorámica bastante abarcativa, observaron a quienes descendieron e ingresaron durante el trasbordo, mientras que los usuarios que viajaron sentados se mostraron indiferentes. Dirigieron la vista hacia le ventana pero la mayoría durmió o procuró hacerlo.
En general aquellos que se ubicaron en el centro del vagón se mostraron preocupados por sujetar sus pertenencias, y atentos a quienes se ubicaron o pasaron cerca suyo.