Algo sobre Río Arriba



Con la intención de reconstruir la historia de su familia Ulises de la Orden emprende un viaje desde Buenos Aires hacia Iruya, un pueblo ubicado en la provincia de Salta. Allí comienza a recolectar testimonios para lograr su objetivo, así encuentra una realidad desconocida por muchos. Los kollas han sido explotados en los ingenios azucareros que los empleaban, a causa de eso han sufrido el desarraigo cultural. Las terrazas de cultivo que en un comienzo les posibilitaban el auto abastecimiento se han ido deteriorando a causa de la falta de mantenimiento. Si bien a algunos les fue posible dedicarse a la actividad artesanal no todos hicieron lo mismo, y muchos padecen las consecuencias viviendo bajo una extrema pobreza.
El bisabuelo de Ulises había fundado el ingenio San Isidro, el mismo le posibilito el progreso, sin embargo a los Kollas, por ser empleados en las zafras, les causó un gran estancamiento y retroceso.
En esta película se muestra como un pueblo es sometido a la explotación y despojado de su identidad cultural por priorizar fines capitalistas.


O'Connor y su regreso al sur

Amigos, conocidos, risas y encuentros. Así comenzó la noche del sábado . Claudio O'Connor brindó su espectáculo en el A-Cero night pub de Adrogué y si bien los recitales metaleros no son de mis elecciones predilectas esta fue una oportunidad que no pude dejar pasar.
Los relojes indicaron las 22: 30 hs, algunos jóvenes ingresaron al pub muy temprano, debido a que las bandas soporte tocaron a partir de las 19: 00 hs. Desde afuera de A-Cero los temas que cantó Carca sobre el escenario se mezclaron con el bullicio de los que aguardabamos ingresar.
Durante una prolongada espera a la intemperie las charlas se encargaron de distraer al frío, hasta que por fín, y luego de un seguimiento intensivo vía mensajes de texto, llegó aquel buen amigo nuestro (el que cuando no se duerma se retrasa).
Con las entradas en mano nos ubicamos en las filas y avanzamos, rápidamente el lugar se colmó de gente, la mayoría jóvenes de veinte a treinta años de edad, todos esperando oír a Claudio. Se formaron pequeños grupos por todo el sitio; nosotros nos sentamos junto a las mesas del patio. Los temas de conversacion variaron durante toda la espera. Una charla en particular llamó mi atención, el tema apuntó hacia las expectativas del recital. Uno de los jóvenes planteó su disconformidad al respecto de lo que él denominó: "metamorfosis artística de O'Connor”. Dijo haber asistido a la mayoría de sus recitales, desde presentaciones con Hermética y Malón (sus antiguas bandas) hasta las actuales. Entre las diferencias que encontró destacó sus actuaciones exageradas sobre el escenario, algo que según él contradijo lo expresado por O'Connor en sus letras durante más de veinte años. Además lo comparó despectivamente con Ozzy Osbourne e imitó con gestos y ademanes a ambos, lo cual me causó bastante gracia. Mientras continuó con su parodia a mi mente llegó una canción (ayer deseo, hoy realidad) que oí frecuentemente en los años noventa, y me pregunté si O'Connor con su década “tour” muestraba en realidad quien quiso ser; su soñar hecho real, al cual apostó como cantó en ese tema, o si cayó por completo en las redes del mercado; aunque es ingenuo creer que alguien que pertenece a ésta sociedad capitalista logra evadirla, más allá de que alguna vez haya tratado de hacer lo contrario.
Por otro lado, en principio, no me pareció lógico que ese joven continuara asistiendo a recitales de O'Connor si lo desconformaban tanto y no compendía qué lo llevaba a estar ahí.
Más tarde, aproximadamente a las doce de la noche, las luces fueron apagadas y se encendieron las del escenario. Frente al mismo se ubicó la mayoría del público, entonando a coro el nombre del cantante. Entre aplausos y gritos la energía se intensificó, comenzaron a sonar algunos temas, los más aplaudidos fueron los clásicos de Hermética. Delante del escenario no faltó el pogo que logró sacudir a varios mientras que otros observamos la escena adrenalínica desde un sector más alejado y calmo.
Al faltar pocos minutos para la una de la madrugada las luces generales se encendieron nuevamente y Claudio O'Connor (voz) se despidió junto a Alejandro Cota ( guitarra) Hernán García (bajos y coros ) y Pablo Naydón (batería y coros). Uno de nuestros amigos preguntó repetidamente cuanto duró el recital y se mostró asombrado por lo veloz que sintió transcurrir ese tiempo, pero era momento de volver a casa, a las pocas horas y a pesar de ser domingo algunos debían trabajar. Nos dirigimos a la salida, algunos chicos se acercaron tímidamente y nos entregaron panfletos y copias de su demo promocionando a su banda.
Mientras esperamobamos a los que aún no habían salido algunos chicos que pasaron al lado nuestro alabando a O'Connor como a un Dios, aunque a mí me pareció demasiado exagerado, otros acordaron un lugar de encuentro para el próximo recital y los más jóvenes, algo exaltados, salieron cantando _o mejor dicho desentonando_ una canción de Hermética.
Nosotros regresamos como llegamos, entre bromas y risas. Por lo sucedido pienso que probablemente O'Connor y su rock metalero han variado mucho desde fines de los años ochenta hasta la actualidad, su voz ya no tiene los mismos tonos de antes y su imágen, puf, deja mucho que desar -O´Connor ahora se delinea oí por ahí, y... es verdad . Se puede considerar que el cambio de Claudio fue favorable o que tiró por la borda el esfuerzo de tantos años, de cualquier modo tal vez la razón por la que muchos continúan asistiendo a sus recitales sólo se debe a que él y su banda, se conviertieron en el punto de encuentro de gente a la que le agrada el mismo estilo de música, personas que buscan distraerse u olvidarse de una rutina y que se hallan cómodos junto a gente simple. En definitiva el único motivo es divertirse y quizás esto no varía demasiado con respecto a lo que buscan otros jóvenes a los que les agradan otros estilos musicales y que por lo tanto eligen otros ámbitos.

El viaje deseado: Recuerdos

Los años han pasado velozmente, casi sin darnos cuenta. Aún somos muy jóvenes, sin embargo el tiempo continúa transcurriendo y sé que pronto cada uno seguirá su camino, aunque siempre nos mantendremos cerca, sin interesar la distancia. Tal vez esa sea la causa que impulsa el deseo de realizar este viaje, donde podríamos sentir que no es imposible detener el tiempo. Sin que el trajín diario nos imponga los horarios que limiten nuestras charlas, e impida disfrutar el regreso de los mejores momentos que hemos vivido.
Elegiríamos un lugar muy calmo donde lo vería a él, mi hermano, junto a mí. Reviviríamos juntos aquellas imágenes que nuestros mejores recuerdos nos regalan de vez en cuando. Imágenes que volverían incesantemente, como la de aquellos veranos, cuando lo seguía a todas partes, tanto que hasta a veces llegaba a transformarme en una pequeña gran molestia. Sonreiríamos al recordar sus disgustos por no lograr despegarme de su lado.
Quizás, sería el paisaje de algún lugar cercano el que nos invitaría a traer a la memoria esas ocasiones en las que me contagiaba sus sonrisas, y también provocaba algunos de mis llantos. Esas peleas, sin violencia, que se volvían inevitables, como si nos turnáramos para iniciarlas. Aquellos enojos que tuve cuando alguien lo molestaba y viceversa. Aquel año nuevo que recibimos solos, cuando las circunstancias particulares no dejaban otra opción, aunque para nosotros fue algo divertido e inolvidable.
Tal vez, en nuestro viaje necesitaría su ayuda, en ese caso le diría que aún visualizo ese día, en el que al ver los desastres en mi cuaderno de segundo grado, se sentó a mi lado y me enseño a pintar cuidadosamente esos dibujos, prestándole atención a cada detalle. Aprovecharía alguna de sus frecuentes bromas y le recordaría alguna de las tantas veces en las que quiso engañarme, mientras lo miraba fijamente a los ojos y no podía disimular su sonrisa de picardía, descubriéndose detrás de aquel gesto alguna maliciosa intención, de la que seguramente yo sería víctima.
Además, gran parte del tiempo oiríamos aquella vieja música y así le agradecería sus años adolescentes, cuando me obligaba a escuchar, entre tantos otros, a Pink Floyd, Black Sabbath y Joe Satriani. Hasta que no tuvo mejor idea que convertirse en guitarrista, entonces llegó el amplificador, la distorsión y las guitarras eléctricas, incentivando mi desvelo hasta altas horas de la madrugada.
Probablemente así viviríamos nuestro viaje, sintiendo melancolía y añoranza al evocar esos momentos. Con instantes que se sumarían a nuestros inolvidables recuerdos. Así, comprenderíamos qué desdichada hubiese sido nuestra infancia de no haber podido ser hermanos.


Carta sin destino



Sol y Luna:


En estos momentos regreso a Buenos Aires, el vuelo se ha retrasado algunas horas. Llevo conmigo lo que buscaba, y algo más...

Al apartarme de mis afectos, al haber conocido de cerca un ámbito ajeno y al haber palpado otras realidades he reflexionado respecto a mi historia, acerca de lo que hasta ahora he vivido, sobre ustedes.

A ti que me has dado la vida y al igual que la luna ocultas tus caras necesito decirte que al elegir marcharte me has hecho sentir el más profundo e intenso de los rechazos: sensación angustiante, que en más de una oportunidad me ha enceguecido, impidiéndome apreciar lo bueno que he tenido. Han sido demasiadas las noches interminables, transformadas en abismos, desbordadas de preguntas sin respuestas y de razones sin explicación. En las que primero he tratado de justificarte y no lo he logrado, luego he intentado comprenderte pero tampoco he podido hacerlo. Quizás por eso me es posible decirte que al escribir la nota que dejaste en mi valija has elegido una palabra desacertada, ya que no se trata de comprender, la cuestión es aceptar y ahora puedo decirte que lo acepto.
No regresaré a ese sitio, aquello que me hacía falta saber ya lo he conocido. A partir de ahora puedo dejar de cargar con situaciones que han pasado y rescatar lo que he aprendido de ellas.

Y a ti que has elegido protegerme, y al igual que el sol radiante me has iluminado y brindado calor, deseo agradecerte. No te negaré que tu vehemente obstinación por mantener oculto aquello que siempre debí saber ha causado en ocasiones que mi alma se haya sentido frágil, vulnerable y acabada. Sin embargo, sé que tu intención no ha sido herirme, quizás alguna singular identificación te ha hecho caer en ese error.

Ésa es la similitud que he encontrado en ustedes, cada una a su modo ha pretendido que deseche u olvide mi pasado siendo que precisamente el haber tenido un pasado incierto ha sido lo que me ha causado daño, al haber traído a mí desasosiego e incertidumbre. Les aseguro que el desconocer no remedia y lo realmente triste es vivir bajo un engaño.
Si bien durante este viaje he logrado comprender que mi vida no se reduce a un fragmento, continúo sosteniendo que ambas son y han sido importantes porque forman parte de mi identidad.

Los días en Rey del Carmen los he dedicado a observar aquello que me ha rodeado, algo nunca había hecho con detenimiento. Así me he dado cuenta que no todo es lo que parece ser, y al mirar a tanta gente pasar junto a mi lado, tantas vidas, tantas historias distintas y únicas he comprendido que he permanecido demasiado tiempo encerrado en la mía.

Este viaje que pronto culmina me ha ayudado a cerrar, comprender y aceptar lo pasado, ahora puedo vivir el presente y continuar.

Mario